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El desierto de Tabernas

En la provincia de Almería, se extiende sobre una superficie de 11.625 hectáreas a una altitud de entre 260 y 1.000 metros sobre el nivel del mar. Rodeado de montañas, es el área del continente europeo con más hora de sol anuales, 3.000, y también la más seca: las lluvias son inferiores a los 250 ml anuales y la temperatura media anual es de 18º.

Arcillas, margas, conglomerados, arenas y limos conforman este paraje considerado como la única zona desértica propiamente dicha de todo el continente europeo y declarada Paraje Natural Protegido en 1989 así como Zona de Especial Protección para las Aves.

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Tabernas, Almería

Un enorme laboratorio natural

Es conocido por haber sido el escenario de muchos rodajes cinematográficos, especialmente westerns, pero Tabernas tiene una cara menos conocida y mucho más relevante: su suelo es un enorme laboratorio natural para los científicos donde poder estudiar la erosión de la tierra -el proceso por el cual se pierde suelo en un lugar determinado, siendo el agua y el viento los principales agentes que la producen- y observar los efectos que el cambio climático tiene sobre ella. Algo vital para poder encontrar soluciones de cara a revertir los procesos de degradación de los suelos que sufre el planeta debidos no solo al cambio climático, sino también, y de una forma muy notable, a la mano del hombre.

Desertización o desertificación

Nos encaminamos a una expansión de los desiertos conocidos y a la creación de nuevos que no deberían serlo, pero que la acción humana ha acabado convirtiendo en uno. Desertización y desertificación, dos palabras que puede parecer que significan lo mismo, pero no es así. La gran diferencia está en cuál es la causa de la pérdida de fertilidad del terreno.

La desertización es el proceso natural y gradual de expansión de los desiertos originado fundamentalmente por causas geomorfológicas y climáticas, no hay intervención humana. La desertificación, por el contrario, es un proceso de degradación de la tierra inducido por la actividad humana. Y es en esta última en la que debemos centrarnos si queremos encontrar estrategias para luchar contra ella.

La desertificación es uno de los principales problemas medioambientales de España. El 74% del territorio, casi tres cuartas partes, podría verse afectado por ella en mayor o menor medida y un 20% de esos suelos ya se consideran degradados.

Esta desertificación se ha acelerado en los últimos años: intensificación de la agricultura y la ganadería, sobreexplotación de los recursos hídricos, despoblación de zonas rurales, incendios forestales y el cambio climático son sus principales impulsores.

El trabajo en la lucha contra la desertificación

En 2022, el Ministerio de Transición Ecológica aprobó la “Estrategia Nacional de Lucha contra la Desertificación en España” con el objetivo de “contribuir a la conservación y mejora del capital natural asociado a las tierras de las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas de España y avanzar hacia la neutralidad en la degradación de las tierras mediante la prevención y mitigación de la desertificación y la restauración de las zonas degradadas".

Y aquí es donde Almería y Tabernas, su desierto y laboratorio, pueden aportar soluciones para abordar el problema. Con un 35% de la provincia en riesgo de desertificación, es uno de los pocos lugares en los que en las últimas décadas se han desarrollado acciones concretas destinadas a frenar su expansión. La utilización de técnicas ancestrales como la de los “batales” para reducir la pérdida de suelo en zonas de montaña a causa de la lluvia, el uso en los cultivos de plantas adaptadas a la escasez de agua o a suelos empobrecidos, los sistemas de acumulación de agua como balsas o aljibes o la utilización de sistemas de regadío localizados han demostrado ser eficaces en la batalla contra la desertificación.

El clima árido ha sido norma en una parte importante de la península Ibérica, pero eso no significa que las condiciones no estén cambiando. Veranos con temperaturas de récord cada vez más largos y sequías generalizadas serán cada vez más habituales y las zonas de la península que vivirán bajo estrés hídrico severo aumentarán. No podremos frenar los desiertos, hay impactos del cambio climático que ya son difíciles de evitar, pero sí la desertificación.

Estamos todavía a tiempo de restaurar la naturaleza y los suelos.